El Golfo de Fonseca se adapta al cambio climático

El Golfo de Fonseca comprende más de 2.000 kilómetros cuadrados de extensión acuática en el litoral pacífico de Centroamérica y su territorio es compartido por tres países distintos: El Salvador, Honduras y Nicaragua. Según datos del Instituto de Capacitación, Investigación y Desarrollo Ambiental de la Universidad Centroamericana (CIDEA-UCA), estos tres países están entre los 15 más afectados por el cambio climático en el mundo, y el Golfo se encuentra entre las diez zonas más vulnerables del Planeta.

Los habitantes de la zona, un total de 714.771 personas repartidas en 19 municipios de los tres países que forman el Golfo, se han cerciorado durante los últimos cuatro años del riesgo que representa el cambio climático para su subsistencia. Temperaturas entre 21 y 39 grados Celsius, suelos erosionados, sequías prolongadas e inundaciones extensivas son algunos de los efectos del calentamiento global sobre este territorio. Por este motivo, el Golfo de Fonseca se adapta al cambio climático con medidas para reducir su impacto, que comprenden desde el retorno a prácticas ancestrales hasta la evolución hacia nuevos métodos.

Por un lado, en Honduras, se están volviendo a usar tecnologías ancestrales de producción como la rotación de cultivos y el aprovechamiento de los rastrojos para conservar la humedad. También han substituido los fertilizantes químicos por el uso de materia orgánica para mejorar los suelos, alimentar a los animales, obtener semillas más resistentes, etc. Además, han puesto en marcha lo que llaman “cosecha de agua”, es decir, técnicas de recolección de agua de lluvia para su uso en tiempo de sequía.

Por otro lado, en la zona nicaragüense del Golfo, unas 80 mujeres que se dedicaban a recoger ostras entre el lodo de los manglares, ahora crían peces para venderlos. En la misma línea, un grupo pescadores del extremo noroccidental del país, ahora se dedica al turismo llevando a los visitantes a conocer los hábitos de las, incluyendo desoves y nacimientos de tortuguillos marinos.

Por su parte, en El Salvador, se aplican también las técnicas de recolección de agua de lluvia para garantizar la disponibilidad de este recurso básico en épocas de escasez. En el terreno agrícola, se ha dejado de practicar la quema de campos de cultivo, cosa que ha propiciado mejores suelos para sembrar.

Este tipo de iniciativas demuestran que la transición en la adaptación al cambio climático ya está en marcha. Las técnicas que están adoptando los habitantes del Golfo de Fonseca podrían aplicarse a otras zonas de Centroamérica que también sufren las cosecuencias del calentamiento global.

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